Hasta hoy
¿Son nuestros pensamientos
frutos podridos, engendros
del antiguo árbol del conocimiento?
¿Inmaculadas líneas divisoras
que se sumergen en su quietud
y se propagan en lo infinito?
¿Son siquiera restos de un lenguaje,
somnoliento y diluido, pedazo de la realidad
que se ha desvanecido cuando tratamos de evocarlo?
Tal vez sólo sean sepulcros
de tantas visiones que se presentan,
de miles y millones de sonidos hipnóticos,
descalabrados chiflidos dentro de la tempestad.
Quizá son el residuo de la memoria
que sigue jugueteando con los trapos
que se quedaron tendidos el día de San Valentín.
Entonces hay ciertos pensamientos
carentes de significados,
que se han perdido a la vista
como gaviotas en la mar océano
sin nada que pudiera hacérselo saber.
Quedan sin nombre aquellos alaridos
mutantes y amenazadores en su intimidad,
falsos, condenados, pero nunca tajantes;
simples y portentosos llegaron
y no se fueron hasta hoy.
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